LOS BICIUSUARIOS DEL PAÍS NECESITAN UN SALVAVIDAS

“¡Bogotá no tiene mar, pero tiene ciclovía!” es tal vez uno de los slogans más recordados por todos los Bogotanos y con el que el Distrito buscaba resaltar en uso recreativo de la bicicleta los domingos y festivos. Sin lugar a dudas, muchos más empezamos a tener bicicleta para ir “el domingo a la ciclovía”.

 

Recordar esta melodía, despierta un profundo orgullo bogotano por el “caballito de acero”, al cual hemos aprendido a ver no solamente como un medio de diversión y esparcimiento para conocer Bogotá los domingos de norte a sur y de oriente a occidente, sino como un medio de transporte de uso primario, en el que muchos han encontrado una solución para movilizarse.

 

La bicicleta ha sido la elección que han hecho muchos residentes de Bogotá, quienes tienen como uno de sus mayores dolores de cabeza la permanente congestión vial y los ya bien conocidos “trancones”, que los hacen pasar buena parte del día en un bus de transporte público. No en vano, de acuerdo con el último informe mundial de Inrix, en donde se analizan 1360 ciudades de 38 países, Bogotá ocupa el deshonroso sexto lugar [1]en congestión y tráfico vehicular.

 

Gracias a los nobles servicios que presta la bicicleta, más de 835.000 [2]personas se mueven por Bogotá en Bici, ya no solo para trayectos cortos o recreativos, sino para trayectos superiores a los 15 minutos.

 

Este panorama pareciera ponernos cada vez más cerca (al menos en cifras de usuarios) de países como Suiza, Alemania, y Países Bajos, en donde la bicicleta se ha convertido en su medio de transporte primario. Sin embargo, el panorama no es tan alentador, y pareciera que estamos cada vez más lejos de contar con unas condiciones dignas de seguridad, para que los biciusuarios no pierdan la vida en manos de “los amigos de lo ajeno”.

 

Y es que montar la bici se ha vuelto un acto de valentía en Bogotá. En la ciudad, 18 bicicletas son hurtadas cada día. Sólo en los primeros 7 meses del año, la cifra aumentó respecto al año anterior en más de 1933 casos, alcanzando los 4.011 robos. Y si bien todas las localidades del país presentan unas cifras alarmantes, Suba (647 hurtos), Engativá (540 hurtos) Kennedy (483 hurtos), Usaquén (441 hurtos), Teusaquillo (272 hurtos), son las que presentan la máxima alerta. Las principales víctimas en la capital del país son hombres a quienes les han robado 3.157 bicicletas en lo corrido de este año; mientras que, a las mujeres, les han sido hurtadas en 778 ocasiones, según cifras de la Secretaría de Seguridad.

 

Lo más preocupante de esta situación, es que parece que ahora ya no es suficiente despojar a las personas de sus bienes, sino que además con frecuencia los delincuentes se apropian de su futuro y hasta de su vida. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Seguridad, se estima que cada semana en el país un biciusuario pierde la vida en un atraco. Sólo a julio de 2018, 23 personas ya han muerto a causa de este flagelo.

 

Uno de los muchos casos de esta fatídica realidad es el de Dairo García, un joven de tan solo 33 años, muy estimado por sus amigos y su familia, quien fue asesinado el 22 de octubre de 2017 por robarle su bicicleta en la localidad de Kennedy; una muerte que ha dejado un profundo vacío en su casa y en su comunidad, y que tristemente se ha convertido en el símbolo latente de una grave problemática social.

 

Es necesario pensar en medidas que puedan frenar de manera inmediata, y aunque este problema tiene raíces muy profundas y que demanda cambios a nivel estructural, se ha logrado dar un paso fundamental, y es el de reconocer socialmente que este flagelo existe. La voz de los biciusuarios se ha empezado a sentir, al igual que la de aquellas familias que han perdido a sus seres queridos, sólo por el hecho de optar por recorrer Bogotá en su “caballito de acero”.

 

Es urgente y necesario empezar a tomar medidas efectivas al respecto, y es precisamente desde el Congreso de la República que se puede comenzar a dar los pasos necesarios hacia la solución.Con el apoyo de un gran número de biciusuarios del país, hemos construido una iniciativa legislativa que recoge muchos de los puntos que ellos han considerado como fundamentales y que ayudarán de forma efectiva a proteger la vida de más ciclistas.

 

- Crear el Registro Único Nacional de Bicicletas – RUNB, para la identificación, seguridad, control y protección de los bici-usuarios de todo el país. No tendrá costo para usuarios.

- Extinción de Dominio a locales o establecimientos de comercio, sus dueños o Representantes legales, donde se comercialicen bicicletas hurtadas o sus partes.

- Marcación obligatoria de bicicletas: todas las bicicletas nuevas tendrán un (1) año a partir de la sanción de la Ley para estar marcadas y registradas en el Registro Único Nacional de Bicicletas - RUNB.

- Marcación de bicicletas con chip y/o de forma invisible.

- Crear la red “BICISEGURA”, conformada por bici usuarios, policías, Fiscalía y alcaldías, para identificar y actuar en tiempo real en las zonas de mayor inseguridad y accidentalidad para bici-usuarios en todo el país.

- “Programa Rutas Seguras” que garantizará que en todo el país haya rutas vigiladas. Los ciclistas irán escoltados y protegidos en las rutas de mayor tránsito en las horas pico.

- “Denuncia ágil para el hurto de bicicletas”: las apps de denuncia de la Fiscalía y la Policía, darán prioridad a la recepción de aquellas que reporten robos de bicicletas.

- Seguros Todo Riesgo: el Min. Transporte junto con las empresas de seguros del país, se promoverá el uso de seguros todo riesgo para las bicicletas.   

 

Ni en Colombia ni en ninguna parte del mundo, la vida de una persona equivale al valor de una bicicleta; ojalá Dairo fuese el último ser humano en abandonar este mundo de forma violenta por culpa de quienes creen tener el derecho de usurpar los bienes y los sueños ajenos. Queremos un país que brinde verdaderas garantías de protección y ayuda para aquellos que han decidido apostarle a una alternativa de movilidad ágil, económica y ambientalmente responsable, queremos una sociedad garante, respetuosa y comprometida con nuestros jinetes de “caballitos de acero”.

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TRANSMILENIO, VIGILANCIA A CIEGAS QUE FAVORECE A LA DELINCUENCIA

Uno de los momentos más caóticos y difíciles para todos los Bogotanos es tener que enfrentar las diferentes hazañas que deben hacer para poder transportarse de sus hogares a sus lugares de trabajo y estudio. Diariamente deben soportar demoras en las rutas, aglomeraciones, golpes, intolerancia ciudadana, y lo más grave es que deben exponerse a peligros latentes de ser robados sin recibir ningún tipo de ayuda.

El panorama de seguridad en Bogotá no es nada alentador. Los ciudadanos que viven en la capital sienten cada vez más miedo de hacer uso del transporte masivo y cada vez creen menos en el acompañamiento y el cuidado que le pueden brindar el Sistema Masivo de Transporte y la misma fuerza Policial que, pese a sus grandes esfuerzos por fortalecer su pie de fuerza y mejorar sus tiempos de respuesta, aún no logra contar con el músculo necesario para cubrir de manera efectiva las demandas de una ciudad tan compleja e insegura como Bogotá.

En las últimas semanas, los usuarios del Sistema han vivido dos atracos masivos. A julio de este año, se han registrado 5.987 robos, es decir 28 robos diarios, tanto en el Sistema como en el transporte público.  Los ladrones se han valido de nuevas técnicas para ingresar a los articulados: abren las puertas desde afuera, sin que los articulados estén en las estaciones; rotan el robo en diferentes estaciones, lo que ha dificultado un seguimiento permanente a estaciones puntuales.

El problema está claro, pero ¿la solución también está clara?, parece que no…

El sistema Transmilenio cuenta con un protocolo de seguridad para atender los casos de vulneración que viven los usuarios. El objetivo principal de este protocolo es aclarar los pasos que deben seguir tanto los usuarios como los conductores y toda la estructura de Transmilenio, para atender cualquier caso de robo, peligro, y en general todo aquello que atente contra la seguridad y la integridad de quienes usamos el Sistema.

El primer gran problema en una serie encadenada, es que nadie tiene claro ni siquiera que existe un protocolo de seguridad. Cuando a los usuarios se les pregunta si saben el protocolo que deben seguir en caso de que sean víctimas de robo en el Sistema, la respuesta unánime es que no conocen la forma en la que deben proceder, menos aún conocen que existe en el sistema algo que se llama “Protocolo de Seguridad”.

El hecho de que los usuarios no conozcan del protocolo es algo que puede llegar a comprenderse, pero ¿que los miembros del sistema como los conductores que son el primer canal de denuncia, tampoco lo conozcan? ...esto es más preocupante aún. Al hablar con algunos de ellos, son conscientes de que el desconocimiento de esta ruta es generalizado, pero más aún, reconocen que a pesar de que existe, no es eficiente, no brinda una respuesta útil y de defensa a las víctimas.

Para los usuarios es desconocido que existe un botón de emergencia que puede ser activado por el conductor, una vez se presenta una situación de peligro para los usuarios. Ahora bien, aunque existe este mecanismo, tanto el conocimiento de su uso, como la efectividad de la respuesta que reciben los buses, es cuestionable.

Y tal vez una de las mayores ineficiencias que se evidencia en el protocolo, es que permite hacer denuncias hasta las 7:00 P.M., a pesar de que el Sistema opera hasta las 11:00 P.M. Como si en Bogotá la inseguridad parara después de una hora determinada…

Pero los problemas resultan ser más estructurales. Además de las deficiencias del protocolo, Transmilenio no cuenta con el número suficiente de cámaras de seguridad para cuidar a sus usuarios. En todo el sistema Transmilenio sólo hay 164 cámaras ubicadas en 5 de 131 estaciones y en 2 de 9 portales, es decir que solamente hay un (1) dispositivo de video vigilancia por cada 12.198 usuarios. El 95% del sistema está desprotegido, nadie lo vigila.

El sistema de seguridad del transporte en la ciudad está en cuidados intensivos. No es posible pensar en resolverlo de un día para otro, pero sí es necesario tomar todas las medidas necesarias para poder alcanzar la calidad de vida que quienes viven en la ciudad capital. El Gobierno Distrital tiene prevista la instalación de 5.000 nuevas cámaras en la capital; la prioridad debe ser para Transmilenio.

Es imposible que los ciudadanos quieran gozar de sus derechos fundamentales como el derecho a la vida, si no cuentan con condiciones de seguridad dignos. El Sistema debe dejar de ser un punto ciego que favorece la delincuencia. Los Bogotanos merecen usar un servicio de transporte con seguridad y tranquilidad.

 

Irma Luz Herrera Rodríguez

Representante a la Cámara por Bogotá

Partido Político MIRA

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